Contains spoilers · Show review
No recuerdo si fue en twitter o en qué red social fue que vi por primera vez extractos de las coreografías de artes marciales que Yaxi Liu lleva a cabo de forma espectacular en la película. Y también en esa misma fuente, en ese mismo momento me enteré que también participó en la adaptación live action de "Mulan" (2020). No mucho tiempo después la busqué en ok.ru para mirarla pirata porque en realidad por el momento no tengo muchas más opciones para mirar películas menos tan específicas y menos producidas en Italia con una "ética indie". De modo que la terminé viendo doblada al ruso y sin subtítulos, como a veces es la plena experiencia de la cinefilia (esto es una broma, es más la experiencia de una persona inútil pero con mucha imaginación). La película me impresionó. Por ahí vi una reseña que decía de ella que es super chistoso que la mejor película de artes marciales del año es un drama criminal indie producido en Italia y la mejor película independiente italiana del año es un filme de artes marciales (es la misma). Me parece una forma simpática de englobarlo, excepto que si nos ponemos serios, es un error considerarla un filme de artes marciales o acción. Leí también otras reseñas en las que algunos decían que le "sobran 40 minutos" porque cuando la protagonista mata a su rival, para ellos ya no hay razón para siga habiendo historia. Como diseñador de comunicación y servicios, o alumno del pensamiento de diseño, soy consciente que el "sujeto-que-experiencia" no es quien "interpreta mal" un mensaje que no es claro o carece de información sobre cómo se puede interactuar con él o que consecuencias tiene hacerlo, Pero las obras y mensajes culturales son más complicados que los servicios, genuinamente requieren disposición, nuestra interacción con la cultura requiere que primero comprendamos lo que se nos está proponiendo e intentando decir, y una vez clara la intención del mensaje (o lo más próximo posible a la claridad), es cuando se da nuestra interpretación y dejamos que ciertos elementos de la obra, o todos, o la mayoría, resuenan con nosotros, nos atraviesen y nos revelen algo de nosotros mismos y de los demás. Porque estos son procesos de producción, circulación y transformación de significados (Cómo quizás diría Miquel Rodrigo Alsina). No entramos en el app de Bancomer con el propósito de entender el mundo (de hecho a esta altura lo hacemos para hacer corajes), Pero si no vamos al cine o no agarramos un libro o no oímos una rola o un álbum para tener algún tipo de revelación sobre algo , por más pequeña o lenta que esta sea... pues entonces lo estamos haciendo para llenar algún vacío, por unirnos a alguna prisa o por algún fetiche de pertenencia. No se si eso esté mal, probablemente no me corresponde hacer declaraciones de ese tamaño. Pero voy a un punto y es el siguiente: Llegamos a películas como "La Citta Prohibita", acostumbrados a que si una película tiene ciertos elementos, entonces debe desarrollarse de cierta manera y con cierto ritmo y si no encontramos ese ritmo, entonces nuestra lectura se desencaja. Sucede que esta película no es una película de acción y artes marciales: es un drama familiar criminal, con elementos de artes marciales. La historia no es solamente la del personaje de Mei y su hermana, sino la de cómo se enredan y chocan esta historia con la de Marcello, su padre y su familia. La pelea entre Mei y el jefe criminal, es el paso al tercer acto. Inclusive podemos bajar una tabla con los hitos del "Save the cat!" si consideramos el ángulo desde el cuál el autor esta contando su historia, y en la cuál, el conflicto dramático y el desenlace es la revelación de los secretos del padre de Marcello y el suicidio de su padrino. Al final quiero dejar escritas dos cosas: me parece un drama bonito, humilde y con pinceladas de espectáculo y teatralidad. Y tenemos un problema de indisposición en nuestra lectura de las películas. Inconvenientemente nos acercamos a ellas como si fueran o tuvieran que parecerse a las películas de Marvel o de Cristopher Nolan. Hay que dejar de ir al cine sin disposición de escuchar y comprender lo que nos quieren contar.