Your Name. 2016
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Una película que no importa cuántas veces vea, siempre me va a hacer llorar. Esta es la sexta vez que veo Your Name y volvió a pasar.
La primera vez te golpea por lo visual, lo emocional y ese giro que todos conocemos; la segunda empiezas a apreciar realmente todo lo que estaba construyendo y a entender mejor una trama que puede hacerse un poquito bola entre viajes en el tiempo y líneas temporales.
Taki y Mitsuha son maravillosos, y la forma en que llegan a conocerse hasta la médula hace que su relación se sienta genuina, tierna y sorprendentemente madura. Es de esas pocas películas que pueden ser 100% romance sin necesitar dramas innecesarios o infidelidades para mantenerte interesado. A eso súmale una animación preciosa y una banda sonora que acompaña cada momento a la perfección y que, por sí sola, todavía consigue hacerme un nudo en la garganta.
Al final, Your Name toca una fibra muy profunda, esa nostalgia por conexiones que se sintieron irrepetibles y se perdieron, pero también la magia de entender que el hilo rojo nunca se rompió, solo te guiaba hacia la persona correcta. Ese “siempre estuve buscando algo y no sabía que” pega distinto cuando por fin encuentras a alguien con quien sabes que eres amado y comprendes que lo que buscabas siempre estuvo ahí, esperando por ti. Una película preciosa que cada vez que vuelvo a ver me recuerda por qué ocupa un lugar tan especial para mí.

