Hace rato que no veia una pelicula tan completa, un masterclass de cine, pero no de esas que te apantallan rápido, sino de las que se van metiendo poco a poco, capa por capa.
Las grietas de la casa son la metáfora central: representan el dolor que no se sana y que, sin querer, se hereda. Lo que no se trabaja, se pasa.
Esta es una de esas películas que pide cine, sala oscura y atención completa.
Es un ‘slow burn’ que se va metiendo despacio, sin prisa, y cuando te das cuenta ya estás completamente adentro.
Las actuaciones son impecables y excelentes, llenas de matices pequeños que dicen más que los diálogos.
Nada está subrayado, nada es obvio y justo por eso pega.
Es de esas películas que no se terminan cuando salen los créditos,
te quedas pensándola, digiriendola, días después.